Los hedros

Publicado por Hiram , domingo, 25 de abril de 2010 18:30

Toda experiencia y tema en este mundo está unido a la persona por un hilo de subjetividad. El modo en el que una persona ve y juzga un evento puede ser completamente diferente a la opinión del resto. Cada persona construye la realidad desde su perspectiva, el verdadero reto es conciliar las diferentes visiones, y construir la alteridad.
Para poder entender de mejor manera este mundo poliédrico debemos recurrir al testimonio de otros seres humanos, y no hay otro mejor que la literatura. Cada obra y cada autor nos remiten a un microuniverso. La inspiración más obvia del ser humano es su entorno, el mundo físico que lo rodea. Eduardo Galeano ha encontrado en su entorno la fuente inagotable de inspiración. Su obra Las venas abiertas de América latina retrata de manera realista la explotación que ha sufrido el continente a manos de compañías transnacionales, especialmente norteamericanas. La Fruit Company, en Guatemala, es un ejemplo perfecto del vampirismo. Se apropiaron de las tierras y esclavizaron a los indígenas para obtener enormes ganancias, y todo con autorización de un gobierno corrompido. La denuncia de Eduardo Galeano es oro puro, para él lo más importante es cambiar las injusticias con literatura. Por eso sus textos usan un lenguaje coloquial, y apasionante, que calienta la sangre del lector. Ese es su enorme acierto, convertir la literatura en un arma denunciatoria, y además un arma que el pueblo sabrá usar.
La escritura de Galeano es sumamente realista, con humor negro, muchas veces una sátira de los grupos que detentan el poder. Galeano no despega los pies del piso ni por un segundo. A veces la experiencia humana no queda en el mundo terrenal, levanta el vuelo y se eleva entre las nubes y la imaginación. Para dar cuenta de esas experiencias está Borges y sus cuentos fantásticos. A este hombre le sobra el conocimiento, con su erudicción crea mundos fantásticos donde el tiempo se confunde y se viven los sueños. Tanta erudicción nos confunde y nos hace creer lo que cuenta, pero algunas veces nos deja mareados y en el suelo. El lenguaje y contenido complejo de Borges lo hacen más exclusivo, sólo para aquellos que ya tienen las alas para volar.
Sería perfecto que existieran un híbrido entre Galeano y Borges, una persona que mezclara el mundo fantástico y la cotidianidad. Para mí esa persona existe, y es Julio Cortázar. Este hombre fractura la realidad, de dicha línea emergen las criaturas más fantásticas, dignas de los mitos griegos. Para lograr un efecto tan poderoso de fractura, Cortázar tiene que construir con igual maestría la ficción y la realidad. En la novela Rayuela, Cortázar explota las coincidencias sorprendentes que hacen posible la reunión de dos enamorados. Según Cortázar esas coincidencias y experiencias hacen que la terrible realidad, como la que nos describe Galeano, sea más llevadera.
Julio Cortázar sólo toca la realidad para despedazarla, pocas veces denuncia y critica las injusticias de los sistemas de poder. El estilo de Cortázar es parecido a la corriente modernista, ambos crean mundos imaginarios con criaturas mitológicas, y un tiempo que transcurre como en los tiempos de hadas. Los resultados son hermosos, pero al fin y al cabo una fuga de la realidad.
La vida puede ser dolorosa e implacable, también la búsqueda del conocimiento, y al mismo tiempo una fantasía. Los autores nos demuestran que la experiencia humana es una gema facetada, cada faz debe ser apreciada por su propia belleza. Para poder hacerlo Galeano, Borges y Cortázar recurrieron a la innovación. Galeano con su redacción hiperbólica, metafórica y excitante, como él decía: “Poesía para el pueblo”. Borges por su parte incluye citas, datos históricos, redacción alargada que favorece el suspenso, sin darte cuenta te transporta a un mundo diferente; por último toda la fantasía de Cortázar es una burla a los cánones y a la monotonía.
Todos ellos se caracterizan por haber dado una bocanada de aire fresco a la literatura. Octavio Paz es un maestro del análisis, la reflexión, el lenguaje poético y la experiencia metafísica. Es un experto que se apega a la misma receta para obtener el mismo resultado. Los cánones a veces encasillan la expresión del ser humano, producen obras esperadas y sin aliento a nuevo. Lo importante en la literatura es ser honesto, expresar con libertad lo que tú quieras en la manera que tú deseas. Para mí eso es lo más valioso de escribir y crear.

Publicado por Hiram 16:06

Popol-jung

Publicado por Hiram 15:11

El Popol-vuh y el Génesis son documentos que demuestran el carácter mitológico del ser humano. Las culturas que los adoptaron como guías rectoras de la vida, estaban conectados al significado de estos textos de una manera tan profunda, que sólo puede catalogarse como inconsciente. La persona que podría explicar la estrecha relación entre el ser humano y sus mitos, es únicamente Carl Gustav Jung. Él diría que todos los mitos reflejan el inconsciente de toda una civilización, es decir son el contenedor del inconsciente colectivo. Este inconsciente compartido por un gran grupo humano, está conformado por todos los arquetipos y sus significados.
El Génesis cristiano mantiene la importancia de un Dios omnipotente responsable de toda la creación. Él solo creo el mundo, fue lo suficientemente poderoso para hacerlo. Este mito contiene la esencia del pensamiento individualista de las culturas occidentales, donde lo importante es el esfuerzo individual, lo que vale es llegar a la meta por tus propio meritos. De este pensamiento nace la ideología política y económica característica de las sociedades occidentales, el liberalismo y posteriormente el capitalismo. Del lado contrario está el Popol-vuh, en este texto la creación queda en manos de un grupo de dioses, algunos eran más poderosos que otros, pero todos cooperaban en la creación de la tierra. Este pensamiento de cooperación y solidaridad es característico de las culturas orientales, también de las mesoamericanas. Queda muy claro que este tipo de culturas necesitan a un líder que los guie, así se ve en el Popol-vuh. Los dioses menores no pueden actuar sin recibir las instrucciones y recomendaciones de los dioses más viejos. Des este tipo de ideología se desprenden los gobiernos paternalistas, donde el mandatario es venerado por sus seguidores.

Lo sólido de la ficción

Publicado por Hiram , sábado, 24 de abril de 2010 17:11

Sólo un niño pequeño creería un mito, una leyenda o una fábula. Nadie acreditaría el testimonio de un ser desconocido. Pocos harían caso a una historia que no vieron con sus propios ojos. Todos, por más confiados que seamos, mantenemos un poco de incredulidad frente al acontecer de los días. Dudamos si el noticiero dio a conocer el verdadero saldo de muertos, dudamos que el gobierno haya creado más empleos, incluso dudamos de nuestra propia familia. Pero si dudamos de todo y de todos, por qué no desconfiamos de la literatura; seguimos las historias con tanta convicción, y pocas veces nos preguntamos si pudieran ser mentiras.
Antiguamente existió un puente fortísimo entre la literatura y la realidad. En ese tiempo, cuando los pueblos construían su cultura con ladrillos de palabras, fue cuando el mito definía lo que era real, verdadero y trascendente. El mito cumplía la función que hoy encomendamos a la fe, la historia y el arte. Los relatos sobre la creación de la tierra, los mares y el cielo configuraban toda una estructura social; los sacerdotes y oráculos eran los que designaban el destino de los pueblos, dependiendo de los mensajes que enviaban los dioses.

La sinergia entre literatura y realidad se debilita durante la Revolución Francesa, cuando los enciclopedistas y los científicos iniciaron la redefinición de conceptos antiguos. En ese momento el mito es fracturado en sus tres componentes: la religión, la historia, y el arte. La religión únicamente se encargará de la fe, la historia registrará los eventos colectivos trascendentes y verdaderos, el arte expresará la subjetividad de la experiencia individual.

Con la disociación del mito quedó muy clara la diferencia entre el arte y la historia, también entre la literatura y la realidad. La realidad requiere de comprobación científica para ser catalogada como tal; la literatura es un espacio donde los artistas pueden contar lo que sea, pueden crear ficción.

Aunque la historia se haya quedado con las “verdades” y la literatura con las “mentiras”, eso no permanecería estático por mucho tiempo. El carácter científico de la historia es su talón de Aquiles, es su propia perdición, ya que todo necesita comprobarse y todo puede ser puesto en duda. La duda es el primer paso del método científico, si no lo creen pregúntenle Descartes. La característica que parecía darle superioridad a la historia frente a la literatura, ahora la hace blanco de desconfianza y modificaciones. En cambio la literatura, que siempre se ha encargado de la “ficción” permanece inamovible, las cosas pudieron haber pasado como lo cuenta la literatura, nadie se molesta en contradecirlo.

La gran diferencia es que la historia busca la veracidad, por ende la exactitud; la literatura busca la verosimilitud, es decir la posibilidad de que las cosas pudieran haber pasado de cierto modo. Esa característica hace más verdadera a la literatura que a la historia, la mantiene como el testimonio más confiable de la condición humana. Por eso no me sorprende que cuando leo a Kafka, Joyce, Becket o a cualquier otro, su obra exprese de manera tan similar lo que yo siento. Por eso que no tengo más remedio que creerles.

Cultura asesina

Publicado por Hiram 15:43

La cultura podría ser lo que nos hace más libres, nos da las herramientas para analizar nuestro panorama, después intentamos encontrar causas y soluciones a los problemas que nos asfixian.
El proceso de concientización de las masas mediante la cultura requiere de de líderes que difundan el deseo de libertad entre los cuerpos dormidos de la multitud. Sobre estos líderes habla Noam Chomsky en su libro La responsabilidad de los intelectuales, él afirma que las personas educadas y sensibles a los problemas de la actualidad deben compartir su conocimiento para generar un cambio entre las masas, los intelectuales deben valerse de su sensibilidad para crear arte provocativo que despierte el deseo de insurrección.
Abrirles los ojos a los que yacen dormidos requiere de un cambio en su cultura, del enriquecimiento de ella. La transformación no debe ser un proceso forzado, las ideologías no pueden ser impuestas a las grandes mayorías. Si ocurriera eso, el círculo se contaminaría, y la cultura asesinaría. En un escenario así, una cultura sería hegemónica y dictaría la manera en la que los individuos deberían de comportarse.
El ciclo que comenzó con el deseo de liberación se repite, ante la opresión de una cultura, más intelectuales reaccionarán, intentando cambiar los cánones y formas preestablecida de hacer arte. Al mismo tiempo la cultura hegemónica los oprimirá e intentará silenciarlos, es necesario que los intelectuales se "sacrifiquen" si desean lograr un cambio social. “Todo documento de cultura es un documento de barbarie” La transformación requerirá del sacrificio de personas innovadoras, con deseos de dar una bocanada de aire fresco al arte, a pesar de que la mayoría desprecia su forma de expresión.

El Modernismo

Publicado por Hiram 13:20

La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa? Los suspiros se escapan de su boca de fresa.

El reino del modernismo resguarda figuras fantásticas, como princesas, gnomos, ninfas y el vasto imaginario de cuentos de hadas.

En el Siglo XIX nace el modernismo, como una flor en medio del desierto; entre las sangrientas dictaduras de Videla, Pinochet, Banzer, Stroessner, y en Nicaragua Anastasio Somoza y su dinastía. Ante el panorama dictatorial militar lo escritores recurrieron al auto-exilio, huyeron a París y el mundo entero. Como resultado se inauguro la figura del escritor errante, nómada y globalizado.

Los viajeros mantuvieron un constante dialogo con el arte europeo, de ahí nutrieron su escritura y dotaron de atributos sus creaciones. El neoclasicismo seguía vigente en la comunidad artística europea, por ello los cuentos modernistas recurren a criaturas e historias de la mitología griega. Durante el Siglo XVII y XVIII el Romanticismo y el Realismo fueron ampliamente explorados, los modernistas querían producir algo completamente diferente, querían el arte por el arte. Los modernistas pulían su trabajo hasta que fuera cercano a lo perfecto, contrario a la visceralidad de los poemas románticos. En el afán de perfección la narrativa y poemas modernitas cuentan con rima y ritmo impecables, también con las más complejas y hermosas metáforas. La sinestesia fue un recurso poco explotado que los modernistas supieron aprovechar, la sinestesia es la experiencia sensorial alterada: sentir olores, oler sonido, oír sabores. Sin duda los modernistas deseaban que su trabajo fuera tan refinado y deslúmbrate como una gema; el uso de piedras preciosas y cristales es un sino de la escritura modernista. Para comprobar la importancia del preciosismo en las obras modernistas es suficiente leer “El Rubí”, un cuento en el que Rubén Darío nos cuenta con maestría como dicha piedra adquirió su color.

Todas las obras modernistas muestran un paisaje fantástico, palacios de diamantes; mariposas verdes y amarillas; gnomos y ninfas; fragantes jardines… todo menos la realidad que vivía América Latina. A esa contradicción se lo conoce como “Dariana” por el principal representante de la corriente. El modernismo no cuenta con ninguna característica que lo convierta en una herramienta denunciatoria de la realidad. La mayoría de los autores modernistas se encontraban encerrados en su torre de marfil, lejos de la violencia y la muerte.